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Antes, un artista depositaba todas sus esperanzas en el ingenio de su representante, un individuo que debía poseer muy buenos contactos y un caracter especial para lograr algún protagonismo en la escena. Los había inescrupulosos, como el Coronel Parker, que se “adueñó” de Elvis y se quedó con el 50% de todo lo que el Rey del Rock generó como artista, que no fue poco. El humilde camionero quería ser famoso, pero no contaba con que el costo a pagar sería tan alto, al punto de no poder ir ni al baño sin que el Coronel Parker lo supiera.
Tan importante fue Brian Epstein para los chascones de Liverpool, que después de su muerte por sobredosis de drogas en agosto de1967, llegó la debacle definitiva de la banda hasta que se produjo su disolución oficial, el 10 de abril de 1970. Y hubo otros, verdaderamente osados y zafados. Como Malcolm Mc Laren, el manager de los Sex Pistols, un genio de las artimañas publicitarias, sin las cuales es muy probable que los punkosos británicos jamás hubieran obtenido el sitial de “míticos” al que llegaron en las páginas del rock. Por ejemplo, cuando Los Sex Pistols llegaron a los Estados Unidos, en 1978, casi nadie los conocía. En Inglaterra eran ídolos y super famosos, pero en las tierras del Tío Sam, muy pocos sabían de su existencia. Entonces a Mc Laren se le ocurrió la “genial” idea de programar una gira por lugares donde el público tenía fama de belicoso. Su objetivo era que Los Pistols dejaran literalmente “la cagá” y hubiera escándalo donde se presentaran, de manera de acaparar la atención de la prensa y, por consecuencia, hacer famoso a un grupo que hasta ese momento pasaba casi inadvertido. Comenzaron su aventura en San Antonio, en un salón de baile donde había unos 3 mil vaqueros que habían ido al lugar a cualquier cosa, menos a ver a una banda punk. En vista de que los cowboys no “pescaban” los alaridos de Johnny Rotten, Sid Vicious tomó el micrófono y les dijo: “Todos ustedes son unos saco´e gueas” y sin esperar reacción alguna, se sacó el bajo y le dio un golpe con el instrumento en plena cabeza al campesino que estaba más cerca. Ahí mismo se armó la grande. Indios con cowboys, músicos con indios, cowboys con mirones, músicos con los dueños del local, en fin el “fome” concierto se transformó por arte de magia en un entretenido show de patadas voladoras, combos, sangre y proyectiles diversos. Como era de esperarse, el plan de Mc Laren resultó perfecto ya que al día siguiente todos los diarios llevaban en portada grandes titulares sobre la hecatombe musical de los Sex Pistols. Hoy, cuando mucho, los manejadores de artistas les inventan romances para que aparezcan en la prensa. Y a veces ni siquiera eso ya que las revistas sensacionalistas tienen su propio e inagotable repertorio de mentiras para publicar. Definitivamente... ¡se necesitan managers como los de antes! |
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